Nailea Norvind: “El teatro es mi oasis y mi espacio sagrado”
- cameorevista
- 18 ago
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La actriz vuelve al teatro con "Los últimos días de Judas Iscariote",
una obra que invita a cuestionar y resignificar la traición y la culpa
desde múltiples perspectivas humanas y filosóficas.
Por Carlos Mora
Nailea Norvind regresa al teatro con Los últimos días de Judas Iscariote, la obra dramática fundamental del multipremiado dramaturgo y ganador del Pulitzer Stephen Adly Guirgis, que bajo la dirección de Marco Vieyra ofrece una nueva mirada sobre uno de los personajes más complejos y polémicos de la historia bíblica. La obra replantea la traición de Judas desde una perspectiva humana, filosófica y judicial, con un elenco de figuras reconocidas a nivel nacional e internacional, donde el público es convocado a convertirse en juez.
Para Norvind, el teatro es mucho más que un espacio de trabajo: “El teatro es mi oasis, mi espacio sagrado, el lugar donde trabajo egoístamente mis propios demonios —que en realidad son puros angelitos— y me terapeo.” Ella destaca la importancia de estar presente en el escenario, de “respirarlo y plantarte ahí”, pues considera que es un espacio para la ceremonia y el encuentro profundo consigo misma y con el público.
En entrevista con la revista Cameo, Nailea crítica el teatro que se vuelve moralista y didáctico: “Me molesta cuando el teatro se usa como para dar corrección o para imponer una moraleja de cómo debemos ser para ser ‘buenos’ o ‘perfectos’. Eso no me gusta.” Para ella, el arte debe ser un espacio para explorar, cuestionar y abrir espacios de reflexión más que para imponer ideas cerradas.
La complejidad de Judas y su juicio en la obra representa esta apertura: “Estamos en un purgatorio donde se juzga a Judas, pero no desde un lugar de condena única, sino desde múltiples ángulos. La obra nos invita a preguntarnos si Judas fue solo un traidor o si también fue una pieza necesaria para que Jesús cumpliera su destino.”
Nailea señala que la obra plantea que “sin Judas, Jesús no hubiera sido quien fue. Incluso en la Biblia, Jesús le dice ‘haz lo que tengas que hacer’. Eso nos lleva a reflexionar sobre las distintas aristas para formar una opinión más amplia y menos simplista.”
Este cuestionamiento abre un diálogo sobre la culpa, la traición y la redención, aspectos que guían toda la puesta en escena. “Cada personaje trae sus verdades y contradicciones, y el público tiene la responsabilidad de juzgar desde su propia experiencia, pero también de cuestionar sus prejuicios.”
La complejidad de sus personajes
Norvind interpreta en esta obra a dos personajes que, aunque muy distintos, se relacionan por la fuerza con la espiritualidad y la humanidad en medio del juicio. Uno de ellos es la Madre Teresa de Calcuta, figura que al principio generó en ella cierto rechazo. “Pensaba en ella como alguien inalcanzable y muy austera, pero al profundizar, descubrí la mística del sufrimiento y la idea de que el dolor puede ser una forma de conectar con Dios.”
Confiesa que su propia experiencia familiar influyó en esta mirada: “Mi mamá viajó a Calcuta y estuvo con la Madre Teresa, y siempre habló bien de ella. Pero también descubrí que hay muchas críticas, que señalan que manejó mucho dinero que podría haberse usado para ayudar más, y que tenía un culto al sufrimiento que puede ser polémico.”
La obra le permitió a Norvind explorar estas contradicciones: “Me encanta interpretar personajes que me sacan de mi zona de confort, que me obligan a mirar el mundo desde perspectivas incómodas o poco conocidas.”
El otro personaje clave es la madre de Judas, un rol creado por el autor para humanizar a Judas y mostrarlo desde el amor incondicional de una madre, un aspecto ausente en la historia oficial. “Este personaje representa el amor familiar que a veces olvidamos detrás de las historias de traición o condena. Ella defiende a su hijo con toda la fuerza de una madre en un juicio lleno de prejuicios.”
Nailea destaca la riqueza emocional de esta figura: “Me hizo reflexionar en lo fácil que es juzgar y olvidar que todos venimos de un lugar de amor, que nuestras historias personales son mucho más complejas.”
Reflexiones sobre
teatro, temporadas y la inteligencia artificial
La actriz también aborda el estado actual del teatro y las dificultades que enfrentan los actores con las temporadas cada vez más cortas. “Antes las obras tenían temporadas de 100, 200 funciones, y ahora a veces solo hay 15. Para mí, trabajar meses en un montaje para solo 15 funciones no es justo, por eso no acepto menos de 30.”
Para ella, el teatro no solo es su profesión, sino su alimento espiritual y su espacio para crecer. “Mi ideal sería hacer al menos tres obras de teatro al año, porque es donde realmente me conecto conmigo misma y con el público.”
Aprovecha la entrevista para hablar sobre un tema que la ha ocupado mucho: la inteligencia artificial. “Al principio me espantó, porque uno piensa en lo que puede perder la humanidad con estas tecnologías, pero luego entendí que no es algo negativo en sí mismo, sino cómo lo usemos.”
Norvind explica que la inteligencia artificial puede ser una herramienta poderosa para el bien, pero que el interés capitalista y la falta de regulación pueden llevarnos a una crisis profunda: “Si dejamos que el capital domine sin ética, podríamos ir directo al desastre. Hay quienes dicen que ni siquiera podríamos llegar a vivir 100 años más si seguimos así.”
Para ella, es urgente que la sociedad y los gobiernos despierten y tomen medidas para controlar el uso de estas tecnologías. “La humildad es fundamental. El hombre no puede sentirse más poderoso que Dios ni que la naturaleza.”
Finalmente, la actriz reafirma su pasión por el teatro: “Estoy haciendo el teatro que me gusta, que me reta y me saca de mi zona de confort. Aquí me divierto, aprendo y comparto con compañeros que admiro. Esto es lo que me da vida.” #TEATRO
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